domingo, 29 de abril de 2018

La dimensión calibra la talla de la naturaleza

La dimensión calibra la talla de la naturaleza, y también calibra la medida de la capacidad que procura el despliegue de la dimensión. La dimensión humana permite medir la dignidad de mi ser. 

El hombre, en y por su ser, es tan ricamente real que principia muchas dimensiones humanas. Toda dimensión se corresponde con una o varias perfecciones o recursos o talentos o capacidades; incluso alguna dimensión sólo se manifiesta si previamente se han manifestado las dimensiones que le sirven de soporte y apoyo. La dimensión será tanto más densa, intensa y extensa cuanto más el hombre alcance su bien. En su bien, en su fin, el hombre evidencia toda la riqueza de sus dimensiones, y evidencia esta riqueza en la unidad de su personalidad: el hombre, en su bien, queda personalizado persona precisamente porque se humaniza hombre al ejercer su ser. La personalidad es rica cuando evidencia el universo dimensional que se le concede al hombre en y por su ser.

Así, por ejemplo, la inteligencia, al ir madurando en la aprehensión de la verdad de cuanto es real, abre un horizonte intelectual en que se evidencia la dignidad que el hombre posee en y por su ser. Merced al despliegue de la dimensión intelectual, no sólo se evidencia que la inteligencia es una perfección del hombre, no sólo se evidencia la madurez de la inteligencia que se ha logrado al ejercer su ser; sino que se permite la apertura de otra dimensión u horizonte de apertura, cual es el de la relación interpersonal (que exige la comunicación inteligente). La personalidad no se enriquece si se niega, si se rechaza, si se impide, si se constriñe,… el despliegue de las dimensiones humanas. Al hombre, necesitado de finalización, le conviene que se evidencien todas las dimensiones humanas, que sólo se le evidencian si ejerce su ser sin impedir aquel bien al que le ordena su ser.

Toda dimensión responde a la riqueza de perfección de la naturaleza humana. Toda dimensión brota de la perfección primera de ser. No cualquier eso real puede dar lugar a esta o aquella dimensión; presentar las dimensiones del hombre permite, no sólo diferenciar al hombre de cualquier otro eso real; sino que permite indicar que el perfeccionamiento del hombre se abre constantemente hacia un profundo horizonte de perfección, hacia una apertura de horizonte de perfección que no termina de llenar, que no termina de completar. 

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