sábado, 21 de abril de 2018

Ser, acción y dimensión humana

La naturaleza humana dota al hombre de riquezas o recursos que posee como riquezas suyas, como recursos suyos antes de cualquier actividad humana. Ejercer un recurso permite al hombre que tome posesión de su recurso, que le es suyo antes de ejercer su recurso.

El hombre, en y por su ser, posee la naturaleza que le otorga riquezas y recursos; el hombre, en y por su ser, posee recursos antes de ejercer sus recursos. El ejercicio de sus recursos le permite tomar posesión de ellos. Estas riquezas, capacidades, talentos, recursos... son perfecciones de la naturaleza humana que se despliegan cuando el hombre pone en acción sus recursos. El hombre, en cada acción, en cada dinámica, en cada despliegue de su riqueza, evidencia su ser. Al ver, no sólo ejerzo la capacidad de ver, sino que dejo patente mi ser, que lo ejerzo como vidente. Cada una de estas riquezas, en su desplegarse, se inicia en una dimensión o unas dimensiones. La dimensión evidencia que el hombre está ejerciendo su ser. Por ejemplo: al ver, el que ve está inserto en la dimensión del desarrollo creciente del ver como ver mejor, observar, ver atentamente,...
  
El acto de ser constituye la naturaleza humana, lo que es el hombre; y en el mismo constituir la naturaleza humana, la deja abierta y ordenada para que se perfeccione. El hombre tiende al perfeccionamiento precisamente porque se le constituye como esa naturaleza preparada para perfeccionarse. Y este orden hacia la perfección consiste también en dejar patente la riqueza de su ser, todo el esplendor de su ser. Es decir, el hombre, en su naturaleza humana, ya queda orientado hacia su perfeccionamiento, dinamizado para desarrollarse como persona humana.

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